El 15 de enero de 2010, a las 21:45 horas, el aire irrumpía en los pulmones del pequeño Brais, y su llanto me hacía verter las primeras lágrimas de tantas y tantas que derramaré por él. Aquél día, me sentí el hombre más feliz del mundo. Desde aquél diá, esa sensación no ha hecho más que acrecentarse.
El 15 de enero de 2010, a las 21:45 horas, el aire irrumpía en los pulmones del pequeño Brais, y su llanto me hacía verter las primeras lágrimas de tantas y tantas que derramaré por él. Aquél día, me sentí el hombre más feliz del mundo. Desde aquél diá, esa sensación no ha hecho más que acrecentarse.